miércoles, 16 de marzo de 2011

NO HAY SUEÑOS IMPOSIBLES

Caminando por Buenos Aires, se pueden descubrir maravillas de diseño, solo con levantar la cabeza, cuidando de no pisar una "escultura" canina.

Por esta deformación profesional, me llaman las frases que están incluídas en la arquitectura: y ahí, donde nace la calle Ayacucho (al encontrarse con la avenida Rivadavia -"la mas larga del mundo") descubrí un edificio con la frase: NO HI HA SOMNIS IMPOSSIBLES y unas ventanas que parecían ojos de insecto...  

Me picó la curiosidad y busqué la frase en Google para ver qué significaba (por ahí era un mensaje secreto, masónico, como en alguna historia del Barolo). 

Encontré la explicación en una nota de La Nación, de la que copio un extracto y le sumo otras imágenes del interior:
La influencia de Gaudí brilla en dos edificios porteños
 
La avenida Rivadavia al 2000 posee una exclusividad difícilmente disputable: separados por menos de 20 metros, en el 2009 y en el 2031 se sitúan los dos edificios que, entre 1903 y 1907, construyó el ingeniero argentino Eduardo Rodríguez Ortega (1871-1938), concebidos en el estilo Art Nouveau, con influencia del célebre arquitecto catalán Antonio Gaudí, esto último en un grado que no se observa en ninguna otra edificación de Buenos Aires. 

 "La agregué yo mismo, al final, como un homenaje a Gaudí", explica el arquitecto Fernando Lorenzi. Responde así a la consulta de LA NACION sobre la inscripción que en grandes letras se observa en la parte superior del edificio de Rivadavia 2009: No hi ha somnis impossibles (en catalán, "no hay sueños imposibles").

 Las obras de remodelación se iniciaron a fines de 1999 y se prolongaron por dos años. Un descubrimiento particular, a poco de comenzar, fue comprobar que Rodríguez Ortega había usado ferrocemento (antecedente del hormigón armado), adoptado tras su paso por las universidades europeas y que hasta ese entonces no formaba parte del bagaje empleado en construcciones locales.

La recuperación de este sector de la torre tuvo el impulso concreto de su propietaria, Carolina Rojo, que había adquirido el último piso y el tempietto, en 1999, para ser usados como home-office y vivienda. La cúpula acebollada y multicolor de por sí testimonia la influencia de Gaudí, que iba a ser aún más acentuada por el tributo hacia el gran maestro catalán que quiso plasmar Rojo, admiradora de aquél.
Lorenzi, pues, dotó de gaudismo las amplias terrazas de 300 m2, con dos notables estructuras de hierro en los flancos, a modo de barandas, réplicas en escala de la famosa Puerta del Dragón que resalta en el Palacio Güell, y ornamentos que se observan en la casa Battló, en Barcelona. Por Willy G. Bouillon (De la Redacción de LA NACION)
Para cerrar el post, vayan algunos detalles que muestran la riqueza decorativa de la propuesta arquitectónica y que pude rescatar a través de algunas fotos:



PS: esta nota en el blog fue citada para elegir a este edificio como un "Tesoro del patrimonio cultural del la Cataluña en el exterior"

2 comentarios:

  1. buenas fotos _ soñadas! sl2
    ArqFL

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias, ¡¡¡las nuevas digitales hacen milagros!!! :D

    ResponderEliminar